El mito de la transparencia

El Mito de la Transparencia: la cara mala de Facebook (2/4)

Publicado el 2 comentariosPublicada en Big Data, Crisis, Data mining, Privacidad, Reputación

Una crisis acerca de la transparencia, podríamos resumir así la pesadilla para la reputación de Facebook los hechos ocurridos en estas últimas semanas. O, como la revista Times lo describió de forma brillante: “Todo esto ha provocado duras críticas a la compañía, que rastrea meticulosamente a sus usuarios pero no pudo hacer un seguimiento de adónde fue la información sobre la vida y el pensamiento de esa gente”. En esta aparente paradoja reside el primer punto que me gustaría destacar en este segunda parte de mi análisis: El Mito de la Transparencia.

Si uno lee libros como lo de Jeff Jarvis “Partes Públicas”(2011), sabes cómo las redes sociales han creado con éxito una hype sobre las virtudes de la vida en la esfera pública, en un continuo “Self Big Brother”. Aunque en aquel entonces Jarvis estaba de acuerdo con algún tipo de protección a la privacidad de las personas, como las propuestas por la entonces comisaria europea Viviane Reding, él defendía también una visión libertaria, tal vez utópica, de la transparencia que ignoraba un impulso básico detrás de la “publificación” de nuestra vidas de por las compañías de tecnología. Para ellas, los datos tienen valor económico y las redes sociales prosperan comercializando datos que de privados se convirtieron en públicos.

Lo que esta crisis ha sacado a la luz y ha llamado la atención de los reguladores ha sido la culminación de una serie de problemas en relación a la privacidad y fallos de seguridad que involucran a Internet y, más precisamente, a Facebook. Es tal vez el comienzo del “fin de la inocencia” y la comprensión por parte de los usuarios de que la transparencia es buena cuando ocurre en ambos sentidos: desde la parte del productor de los datos (es decir, nosotros) y del comercializador de los datos ( las empresas de redes sociales). El mercado se ha vuelto más maduro. La gente comienza a darse cuenta de que nunca ha habido un verdadero “servicio gratuito” de Google o Facebook. Como lo plantea Viviane Reding: pagamos el servicio con nuestros datos.

Para ser justos, estas compañías nunca han dicho que no usarían los datos de las personas para diversos propósitos, válidos o no, incluyendo hacer toneladas de dinero. Sin embargo, lo que la gente está notando ahora es cuán opacas y descuidadas las empresas de TIC han estado en el manejo de estos datos. Y cuán vulnerables son los usuarios cuando sus mentes pueden ser leídas por compañías de data mining como Cambridge Analytic que usó el controvertido, y al mismo tiempo, brillante experimento realizado por Kosinski et al (2015).

Las personas también se están dando cuenta de cómo las redes sociales crean una forma sutil de vigilancia, al permitir que las organizaciones desconocidas accedan a su visión del mundo, sus relaciones y sus gustos. Al impactar decisiones muy serias como los votos en una elección general, por ejemplo, o referéndums, la opinión pública comienza a darse cuenta de los riesgos de la manipulación en este ciclo de transparencia de datos – extracción de datos – gestión de campañas.